En los casos en los que la importancia del hecho informativo no deje más opciones que la de publicar una noticia o imagen aunque pueda llegar a ser violenta o desagradable, entrarán en juego los valores éticos del medio. Será aquí cuando se podrá observar que las fronteras del sensacionalismo tienen matices y éstos corresponden a la línea editorial de cada medio.
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| Foto: Manel Fontdevila |
En este caso, una de las maneras para alejarse del sensacionalismo sería no recrearse en los detalles más escabrosos para centrarse en el hecho noticiable, ya que éstos son innecesarios para el propósito informativo que es en definitiva la razón de ser que mueve tanto a los medios como a los profesionales de la información y la comunicación.
La llegada de Internet y el avance de las redes sociales en las que priman la inmediatez, han llevado a los medios de comunicación y a los propios periodistas a resumir las noticias en titulares sensacionalistas para así llegar a todos los públicos.
Cada vez más, podemos observar que se utiliza un lenguaje periodístico que tiende a la espectacularización y la dramatización de los contenidos informativos con el objetivo de llamar la atención y generar mayor número de visitas y audiencia.
Así pues, nos encontramos que la denominada “prensa seria” esta cayendo en las afiladas garras del “amarillismo”, exagerando y alterando la información con el único objetivo de imponerse a la competencia. En este tipo de prensa se mezcla la información objetiva, en muchos casos carente de veracidad, con la opinión personal del redactor, hasta tal punto que se convierte en una tarea imposible para el lector diferenciar lo verídico de lo subjetivo.
La razón de ser del periodismo es investigar y mostrar la realidad, además de ejercer un control sobre el poder establecido. No obstante, el amarillismo convierte la información veraz y útil para la sociedad en un espectáculo y hace florecer los instintos y las emociones del lector.
De esta manera se contribuye a distorsionar la realidad y no se cumple la función de transmitir la información de manera fiel. Así pues, el lector puede llegar a sacar conclusiones equivocadas de la noticia y hacerse una idea partidista y alejada de la realidad.

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